Recoge lo que quepa en una mano
Si cada persona que pisa una playa se lleva tres cosas al salir, no hace falta organizar nada. Es la regla más fácil de cumplir que existe.
Ninguna te va a costar una tarde. Están ordenadas por dónde se hacen: playa, monte, casa y viaje.
Si cada persona que pisa una playa se lleva tres cosas al salir, no hace falta organizar nada. Es la regla más fácil de cumplir que existe.
Una sola contamina litros de agua y tarda años en irse. Si fumas en la playa, un bote pequeño en la mochila lo resuelve.
Debajo de cada piedra de la orilla vive algo. Las torres de piedras quedan muy bien en las fotos y dejan sin casa a bastante gente pequeña.
Muchas aves anidan en el suelo, entre la arena y la hierba. Si ves una que se hace la herida y se aleja, estás cerca del nido: da la vuelta.
Los atajos abren surcos, y los surcos se convierten en barrancos cuando llueve fuerte. El camino largo es el que menos deja huella.
Una ducha de cinco minutos en vez de diez, en un hotel lleno todo el verano, son miles de litros. En una isla eso se nota.
Ni barbacoa, ni hornillo, ni cristal al sol en verano. Casi todos los incendios de la costa empiezan por algo que alguien dio por inofensivo.
Busca que no lleve oxibenzona ni octinoxato. Se nota en el agua y no cuesta más.
Una botella reutilizable y una fuente. La mitad de lo que se recoge en una playa es plástico de un solo uso que nadie necesitaba.
Un envase sucio estropea el resto del contenedor. Un aclarado rápido es la diferencia entre reciclar y no reciclar.
Lo que se cultiva al lado no cruza un océano para llegarte. En una isla, el producto local es también el que menos ha viajado.
No por presumir: porque la gente se apunta a lo que ve. Una foto de una mañana de limpieza mueve a más gente que cualquier campaña.
Si tienes una playa, un barranco o un sendero que lo necesita, escríbenos y lo organizamos.